CHAINSAW MAN (2018) de Tatsuji Fujimoto

Hace poco tuve la suerte de encontrar una muy, muy, muy buena oferta de los primeros 11 tomos del manga de Chainsaw Man por el valor de 3. En un principio me costó creer mi buena suerte y hasta pensé que saldría de esa transacción con un riñón menos, pero grata fue mi sorpresa al ver que no me estafaron ni quisieron asaltarme o extirparme ningún órgano y pude llevarme los 11 libros a casa. 



El que no tiene reparos en extirpar órganos demoniacos es nuestro buen amigo Denji.
Chainsaw Man es un manga atípico. Atípico en su contenido y todavía más si pensamos que fue serializado en Jump, una revista cuya demografía objetivo está lejos de obras como esta que están más cerca del Seinen que del Shonen.
No obstante lo anterior, Chainsaw Man y su posterior adaptación al anime fueron hitazos de aquellos que se dan una vez cada diez años. Así mismo, hace unas semanas se estrenó en cines la película que adapta la continuación directa del anime y ha tenido un desempeño notable en las salas, recaudando un montón y posicionándose cómodamente entre las más vistas del año.
Nuestra historia sigue las desventuras de Denji, un jóven que vive en la más ridícula de las miserias tratando de pagar la deuda que le dejó su difunto padre matando demonios y vendiendo órganos. Del mismo modo, se hace amigo de un demonio motosierra llamado Pochita, que es la pintoresca cruza de un perro, un chancho y una motosierra.
Este simpático animalito es su única compañía y con él van por la vida aserruchando demonios hasta que los yakuza para los que trabajaban deciden venderlos a un demonio poderoso a cambio de poder (cosa que sale re mal, déjame decirte) es aquí donde todo se va al cuerno y nuestro protagonista termina muerto y desmembrado en un contenedor de basura. 
Pero ah! Pochita al rescate. Fusionándose con Denji, Pochita se convierte en el corazón del ahora híbrido de humano y demonio. A su vez, Denji obtiene el poder de convertirse en un demonio de las motosierras, lo que sumado a su inestable salud mental, le otorga todas las cualidades del más desquisiado de los terrores hollywoodenses ochenteros (este se comería con papas a Freddie y a Jason).
Es de este modo que Denji acaba con los Yakuza, el demonio y sus secuaces, momento en el que llega a su vida Makima, una cazadora de demonios que andaba detrás del demonio que acaba de ser picado como leña.
Para nuestra sorpresa, Makima no mata a Denji, por el contrario, decide convertirlo en su proyecto personal y se lo lleva a la división de cazadores de demonios que dirige. 

Se ha dicho y se dirá mucho de Chainsaw Man, sin embargo creo que logra tomar hábilmente cada uno de los tropos del shonen y darles una retorcida vuelta de tuerca para aprovecharlos a favor de la historia que quiere contar. Denji y compañía resultan ser personajes suamemente recordables (no como los pelotudos insoportables de Jujutsu Kaisen, me vi una temporada completa y no logro recordar el nombre de ninguno). Es interesante que me viniera a la mente Jujutsu Kaisen, puesto que, pensándolo, ambas obras son contemporáneas y, de cierto modo, buscaban recoger el testigo que dejaron tras de sí los mangas populares de la década pasada (Naruto, Bleach, Fairy Tail, Death Note, etc).

De hecho, Chainsaw Man y Jujutsu poseen, del mismo modo que Naruto y Death Note, por ejemplo, la misma estructura de esta triada de dos personajes masculinos y un personaje femenino cuyas personalidades obedecen a arquetipos muy marcados y generan una buena química y dinámica entre ellos (si no sabré yo, que literalmente tomé la misma estructura para mi propio manga, Classless).

Pero, ahí donde Jujutsu Kaisen evidencia desde el primer momento estar buscando rellenar cada cuadrito del facsímil del éxito editorial, Chainsaw Man termina donde mismo de forma más honesta, o al menos lo disimula mucho mejor. A la larga, siento que el factor determinante es que Fujimoto es un mejor guionista que Akutami.

Pero dejando de lado el (muy merecido) basureo a Bodrio Kaisen, siento que Chainsaw Man es un manga que podría recomendar llegado el momento y ese es un privilegio que solo reservo para obras muy puntuales (y cortas, porque, siendo honestos, no le recomendaría a nadie leer 100+ tomos de One Piece o 38 de Hunter x Hunter). 

Para terminar, comentar que también he estado leyendo Fire Punch, la otra obra de Fujimoto, lectura que me ha resultado entretenidísima, con un ritmo trepidante y una gran atmósfera general. Se nota, sí, que se trata de una obra en la que Fujimoto comenzaba recién a prefigurar un estilo propio, pero la semilla estaba ahí, lista para germinar. Quizás le dedicaré una entrada más adelante.

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